El Impulso al Desarrollo Humano – Daniel Martínez

Así abría y cerraba Daniel Martínez, Ingeniero y Pre-Candidato a la Presidencia de la República, el Impulso al Desarrollo Humano, segundo encuentro del Impulso al Desarrollo. 

Intervención de Apertura 

Buenas noches. 

Hoy continuamos este ciclo de tres eventos que iniciamos el martes pasado y que finalizaremos el martes próximo, en los que estamos compartiendo iniciativas para darle un nuevo impulso al desarrollo, en el marco del programa que ha definido el Frente Amplio. Como decíamos la semana pasada, uno de los objetivos de estos eventos es seguir recibiendo reflexiones que nos permitan, en conjunto con mi equipo, continuar mejorando nuestras propuestas. 

El nuevo impulso al desarrollo contiene tres pilares: en primer lugar, el Impulso al Desarrollo Productivo, que abordamos la semana pasada; presentamos un conjunto de iniciativas para que nuestro país pueda aprovechar las oportunidades que ofrece la nueva economía global, gracias a un modelo que genera trabajo y riqueza a partir del agregado de valor y del respeto ambiental. El segundo pilar es el del Impulso al Desarrollo Humano, mientras que el tercero es el Impulso a las Transformaciones, requeridas para hacer posible estos modelos de desarrollo productivo y humano, asunto que trataremos la semana próxima. 

Esta noche, hablaremos del nuevo impulso al desarrollo humano. 

Hablaremos sobre los caminos para avanzar hacia un país centrado en la calidad de vida de su gente, en el que las personas puedan educarse y formarse como sujetos de pleno derecho y, a partir de esto, desarrollar y sostener sus proyectos de vida. Hablaremos sobre las estrategias para avanzar hacia una sociedad inclusiva e integradora, con igualdad de oportunidades para todos y todas, igualando particularmente los puntos de partida. Hablaremos sobre iniciativas para construir una sociedad más justa y solidaria, en la que se respeta y valora la diversidad. Hablaremos sobre cómo transitar hacia un modelo de sociedad que cuente con una ciudadanía empoderada, con posibilidades de hacer oír su voz, tanto de forma individual como a partir de los diversos colectivos que la integran. Hablaremos sobre un modelo de desarrollo humano en el que el crecimiento y la felicidad de las personas se alcancen en el encuentro y el relacionamiento colectivo, reivindicando nuevas formas de convivir y de abordaje de las problemáticas colectivas. 

Si hoy podemos analizar cómo avanzar en esta dirección, es porque en estos últimos años nuestro país ha dado pasos significativos hacia una sociedad más justa, más equitativa, con mayores derechos, especialmente para colectivos históricamente excluidos. Un país que ha sabido dar respuestas a las situaciones de mayor vulnerabilidad, reduciendo de manera muy significativa los índices de pobreza y, en particular, la indigencia. Un país que ha sabido crecer repartiendo la riqueza generada. 

Sin embargo, a pesar de los importantes esfuerzos realizados, mucho camino queda aún por recorrer. Una mirada multidimensional de la pobreza nos muestra que existe una brecha socio territorial que desnuda la persistencia de la exclusión, con territorios especialmente vulnerables y vulnerados, en los que los servicios públicos son deficitarios, la vivienda presenta carencias importantes y donde las nuevas formas delictuales que han llegado a nuestro país, captan a jóvenes desencantados de la sociedad en la que viven. Como señala UNICEF, las personas en situación de pobreza tienen un estrecho margen de opciones a la hora de tomar decisiones. Un 

claro indicador de esta persistente exclusión es el nivel de deserción en el sistema educativo, que a los 18 años es 10% para el quintil más rico de la población, pero que llega casi a 60% en el quintil más pobre. 

La pobreza infantil, como principal expresión de la desigualdad socioeconómica, si bien ha disminuido a la cuarta parte en relación a los porcentajes de hace una década y media, sigue siendo más del doble que en el promedio de la sociedad. Más aún, mientras que la indigencia no supera el 0,1% en el país, para los niños menores de 6 años llega al 0,4%. Y peor aún, el 90% de los hogares pobres tienen al menos un niño, niña o adolescente. Para igualar el punto de partida, lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos de que todos los niños y niñas tengan las mismas oportunidades, independientemente de dónde hayan nacido. 

Otra muestra del camino que aún nos queda por recorrer es el de la persistencia de la desigualdad de género, que se expresa particularmente en la brecha entre hombre y mujeres en relación al trabajo no remunerado, especialmente las tareas de cuidado y sus consecuencias para la autonomía económica de las mujeres. Asociado a estereotipos culturales, esta desigualdad se expresa también en relación a las oportunidades laborales, al salario y a la posibilidad de las mujeres de alcanzar cargos de mayor jerarquía en la organización de la sociedad. Pero sin duda la mayor expresión de las dificultades que aún debemos enfrentar, es la de la inaceptable violencia basada en género y sus múltiples expresiones; particularmente su manifestación más extrema, que es el femicidio. ¡Ni una menos! 

En nuestra sociedad, otros colectivos sufren todavía situaciones de exclusión que es necesario remediar. Pienso, por ejemplo, en los jóvenes y sus dificultades para alcanzar la autonomía progresiva en su tránsito hacia la vida adulta, particularmente en relación al acceso a la vivienda y a empleos de calidad. Pienso en las personas mayores, que también tienen dificultades para acceder a soluciones habitacionales, y que muchas veces sufren violencia, abuso y maltrato. Pienso también en las personas en situación de discapacidad y las serias dificultades que tienen para alcanzar un desarrollo pleno. Pienso en las personas con dificultades de salud mental o con adicciones, para las que aún no hemos sabido encontrar soluciones satisfactorias. Pienso en la población afrodescendiente y sus menores posibilidades para insertarse en la sociedad. Pienso en la población trans y su dificultad para acceder a los derechos fundamentales. Pienso finalmente en la nueva minoría excluida que constituyen muchos inmigrantes, que no cuentan con los mismos derechos que los uruguayos y las uruguayas. 

Para avanzar hacia el modelo de desarrollo humano al que aspiramos, no quiero dejar de hablar de la inseguridad y las diferentes formas de violencia presentes en nuestra sociedad, desde la violencia basada en género y la violencia intrafamiliar e interpersonal, hasta todos los tipos de homicidio. La persistencia de esta situación impide el avance hacia una sociedad con centro en el ser humano y dificultan la recuperación de nuestros valores históricos de solidaridad, de respeto de las diferencias y de construcción colectiva. 

Estoy convencido de que el abordaje de este conjunto de barreras para avanzar hacia el modelo de sociedad al que aspiramos sólo puede realizarse de manera integral, mediante una fuerte articulación de las diferentes políticas públicas, en clave territorial y con foco en una gestión por resultados, como único camino posible para resolver problemas tan complejos, como persistentes. 

Pero antes de avanzar en las posibles estrategias de abordaje que venimos diseñando, quisiera invitarlos a que escuchemos juntos a 5 personas que han aceptado nuestra invitación para presentar 5 reflexiones vinculadas a las problemáticas que acabo de exponer. 

Intervención de cierre y propuestas 

Muchas gracias por estas 5 excelentes intervenciones, que profundizaron la reflexión y relataron experiencias en relación a varios de los asuntos que mencionaba en mi primera intervención de esta noche. 

El denominador común que extraigo de estas 5 exposiciones es que, si queremos dar un nuevo impulso al desarrollo humano, precisamos una nueva generación de políticas públicas. 

Para enfrentarnos a los complejos y multidimensionales desafíos que aún nos quedan por resolver, necesitamos una transversalidad de la políticas significativamente mayor, rompiendo las chacras existentes. Como nos mostraba la intervención de Soledad Mantero, las políticas públicas tendrán que tener un aterrizaje mucho mayor en los territorios, articulando los tres niveles de gobierno, en coordinación con el sector privado. Sólo de esa manera se resolverán los problemas de las personas de carne y hueso. 

Con el equipo hemos elaborado un conjunto de iniciativas que buscan darle un nuevo impulso al desarrollo humano. En los próximos minutos voy a mencionar brevemente, las que me parecen más relevantes. 

Una de mis principales preocupaciones es la infancia y, en particular, la pobreza infantil. Estoy convencido de que la mejor manera de cortar con la reproducción de la pobreza es invertir en primera infancia y en eso me comprometo. Abordaré el tema de la infancia con un enfoque integral, no solamente dirigido a los niños y niñas, sino a su contexto familiar y barrial, ya que no es posible eliminar la pobreza infantil sin abordar simultáneamente la situación de sus padres, que casi siempre son jóvenes en situación de exclusión. También, vamos a fortalecer los mecanismos de detección, atención y reparación de violencia y abuso de niñas y niños. Como indicaba Carmen, para garantizar este abordaje, será necesario rever los roles de rectoría y de ejecución de políticas de algunas instituciones y, en particular, revisar las políticas orientadas a la infancia institucionalizada. 

Por otro lado, para avanzar hacia la igualdad de género, me propongo enfocar los esfuerzos en tres direcciones principales. En primer lugar, voy a fortalecer la implementación de la Ley 19.580, para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia basada en género. En segundo término, para impulsar la autonomía económica de las mujeres, en línea con lo que proponía Soledad Salvador, profundizaré la promoción de la corresponsabilidad social en relación a las tareas de cuidados de las personas dependientes, tanto a través del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, como a partir de políticas que impulsen un cambio cultural y normativo, además de impulsar la perspectiva de género en la nueva matriz productiva, como hablamos la semana pasada. En tercer lugar, fortaleceré la implementación de las políticas de Salud Sexual y Reproductiva, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la agenda de derechos. Y por supuesto, me comprometo a nombrar un gabinete paritario como una demostración de que hombres y mujeres podemos compartir, en pie de igualdad, las más altas responsabilidades. 

En relación a los desafíos que enfrenta la juventud, hemos diseñado varias propuestas, de las que quisiera destacar tres: iniciativas para el acceso a oportunidades laborales de calidad, que presentamos la semana pasada, e iniciativas para el acceso a soluciones habitacionales adecuadas y para la protección social en el tránsito desde la adolescencia a la adultez, las que abordaré en unos minutos cuando hable de vivienda y de salud. 

No quiero dejar de mencionar la situación de las personas mayores, que enfrentan dificultades específicas. Me propongo impulsar estrategias para promover el envejecimiento activo, retrasando de este modo la llegada de distintas formas de dependencia. También será necesario adecuar normativas y protocolos para evitar violencia, abuso y maltrato, y para facilitar soluciones de vivienda, cuidados, salud, justicia y seguridad social. 

Por último, quiero hacer referencia a las personas en situación de discapacidad, los y las migrantes y las personas afrodescendientes. Como ya lo demostré cuando fui intendente, la discapacidad es un área de política prioritaria, para la que es necesario no sólo fortalecer la rectoría, sino comprometerse con la implementación de apoyos específicos para garantizar la permanencia en los centros educativos y la inclusión laboral, con una visión integral. Por otro lado, como país de inmigración, nos alegramos por la llegada de la nueva población migrante, pero es necesario ampliar su protección social, principalmente en salud y en la atención a la violencia de género, además de realizar una campaña de sensibilización sobre el fenómeno migratorio. Finalmente, profundizaremos en la implementación de la Ley 19.122 de acciones afirmativas para las personas afrodescendientes, buscando recortar la brecha histórica existente producto del tráfico transatlántico de personas. 

Todas estas iniciativas que mencioné y que están dirigidas a poblaciones específicas, sólo son posibles si le damos un nuevo impulso a las políticas sectoriales que, adecuadamente articuladas, ayudan a transformar la vida de la gente. Me refiero en particular a las políticas de educación, de vivienda, de salud, de cuidado y a las culturales, así como a las políticas laborales, que ya abordamos la semana pasada. 

Quiero comenzar con una de las principales preocupaciones que tenemos uruguayos y uruguayas: la seguridad. 

Como vengo diciendo, a pesar de los importantes esfuerzos realizados durante las tres administraciones de nuestra fuerza política, no hemos logrado revertir la violencia instalada en la sociedad y tampoco el crecimiento de los principales delitos. Garantizar el derecho a la seguridad requiere por lo tanto nuevos enfoques y nuevas decisiones. Y a ello me comprometo. 

Con mi equipo, hemos diseñado un Plan Integral para el Combate a la Violencia y el Delito que incluye, con una visión holística, tres grandes pilares para: prevenir el delito y fomentar la convivencia; combatir la impunidad; y focalizar la represión. Lo quiero explicar. 

Con el primer pilar vamos a incrementar fuertemente las políticas de prevención y convivencia, con el objetivo de disminuir las violencias y las conductas delictuales. Se estructurará en tres estrategias de intervención. La primera apunta a intervenir sobre los factores de riesgo personal o social; la segunda está dirigida a grupos de riesgo específico; y la tercera está directamente orientada a personas que ya han delinquido, para evitar que reincidan. 

Para la primera estrategia de intervención, vamos a reimpulsar la policía comunitaria, como referencia barrial, profundizando la mediación, la transformación cultural y la resolución pacífica de los conflictos. 

Para la segunda estrategia de intervención, vamos a implementar en 25 zonas una mayor presencia del Estado, articulando políticas en el territorio: vivienda, salud, primera infancia, educación, empleo, culturales, entre otras. 

Para la tercera estrategia de intervención, me propongo desarrollar una nueva política de cárceles, con el objetivo de disminuir drásticamente los niveles de reincidencia. Quiero que las cárceles dejen de ser centros de reproducción del delito. Vamos a mostrarle a las personas privadas de libertad que hay otra forma de vivir, involucrando y apoyando a ellos y a sus familias en ese camino. La exposición de Daniel Márquez nos mostró que existen caminos reales para lograr cambios significativos en la conducta de los detenidos y los ejemplos de otros países muestran que eso repercute en los índices de reincidencia. En el sistema carcelario que queremos implementar, nos proponemos preparar a la persona para una verdadera reinserción. La nueva política se basará, entre otros, en: nuevas unidades de gestión en las cárceles actuales y en el futuro construir cárceles más chicas; separar a las personas de acuerdo al delito cometido y al hecho de que sean primarios o reincidentes; desarrollar diferentes actividades, entre ellas trabajo y formación; atención integral a la salud, incluyendo salud mental y consumo problemático de drogas. Esta nueva política carcelaria puede desarrollarse redireccionando parte del presupuesto actual del Ministerio del Interior. Y por último, para complementar el trabajo en cárceles, vamos a implementar un sistema de agentes de seguimiento para facilitar la reinserción laboral y social del liberado. 

Pasemos al segundo pilar, en el que profundizaremos el combate a la impunidad mediante un paquete de iniciativas. Entre ellas, quiero destacar la mejora de la articulación entre policía, fiscales y el poder judicial, con el objetivo de mejorar la eficacia y eficiencia del sistema. Pero también, vamos a continuar mejorando las capacidades técnicas y de investigación de la policía; continuar la lucha contra la corrupción policial, reivindicando a los buenos policías que por suerte son la mayoría; extender el sistema de videovigilancia llegando a las 10 mil cámaras y haciendo un uso intensivo e inteligente de la información disponible; potenciar el centro de análisis de datos, utilizando modelos y análisis de prospectiva del delito; y garantizar la máxima transparencia en los datos. 

Por último, en el marco de nuestro tercer pilar, vamos a actuar con firmeza ante personas u organizaciones que cometen acciones delictivas, asegurando la presencia del Estado para garantizar los derechos vulnerados. Para ello, vamos a ampliar y mejorar el sistema del PADO en su despliegue y acción territorial. Me propongo también continuar desarrollando actividades de represión focalizada en puntos calientes, tal como se han realizado durante estos últimos meses. En paralelo con la intervención policial, el Estado estará presente con más políticas sociales y seguimiento, al estilo de lo que hice desde la Intendencia junto al Ministerio del Interior, por ejemplo en Casavalle. Por último, vamos a intensificar la represión jerarquizada y especializada contra el delito transnacional organizado con presencia local, desarmando los grupos de tráfico ilegal de drogas y lavado de dinero, tráfico de personas, tráfico de armas y otros, delitos que surgen de la transnacionalización del crimen y que extienden la violencia en nuestra sociedad. 

Además de este Plan Integral para el Combate a la Violencia y el Delito que acabo de delinear, estoy convencido de que tenemos que intentar generar un gran acuerdo nacional en relación a la seguridad. El Uruguay de hoy requiere diálogo y todos reconocemos que nos encontramos ante un problema complejo. 

Quisiera pasar a otro asunto prioritario: la educación. La semana pasada abordamos el vínculo entre educación y desarrollo productivo. Hoy quiero referirme a la educación como un derecho, como generadora de transformaciones culturales, emancipadora, que fomenta el desarrollo pleno de las personas y las comunidades. 

Estructuramos nuestra propuesta educativa en base a 5 pilares que hemos llamado: centros educativos atractivos; acompañamiento de trayectorias educativas; reconocimiento de trayectorias educativas diversas en vinculación con el mercado laboral; sistema nacional de educación terciaria al servicio del modelo de desarrollo; y docentes como protagonistas. Ya nos hemos referido a dos de ellos en nuestro evento de la semana pasada. Hoy voy a analizar los otros tres. 

El primero se vincula con la necesidad de contar con centros educativos atractivos, poco marcados por la rutina, con mayor flexibilidad y apertura a las necesidades de los niños, niñas y adolescentes y sus comunidades respectivas. El aprendizaje, en vínculo con la currícula, debe reflejar problemas reales de los estudiantes y de sus contextos, promoviendo capacidades de innovación para la resolución de problemas y el aprendizaje colaborativo y en red. Como nos contó Gabriel, la educación por proyectos, la resolución creativa de problemas y otras prácticas pedagógicas innovadoras, ya se vienen desarrollando de forma aislada pero con notable impacto. Vamos a generar las condiciones para que estas iniciativas, que hoy surgen a partir de docentes, estudiantes y padres comprometidos, tengan efectos multiplicadores y se extiendan hacia muchos más centros educativos. Para ello deberemos crear comunidades educativas estables, favorecer la participación y apoyo de las familias y reforzar los roles de dirección. Para esto último me propongo potenciar la formación específica para el liderazgo y la gestión de centros educativos. 

El segundo pilar que quiero destacar es el acompañamiento de las trayectorias educativas para enfrentar el alto nivel de deserción en la enseñanza media, el cual se profundiza fuertemente en función del nivel socioeconómico. Para ello propongo crear Unidades de Apoyo en cada institución educativa para profundizar el acompañamiento pedagógico del estudiante, fundamentalmente en el ciclo básico de la educación media, con especial énfasis en los contextos territoriales en los que los porcentajes de deserción son mayores. Estas Unidades estarán integradas por equipos docentes en cada centro y tendrán un soporte transversal, con equipos multidisciplinarios especializados, desde el sistema de educación pública. 

Por último, y como tercer pilar a destacar hoy, para lograr las transformaciones y los objetivos que mencionaba es necesario mejorar la formación, motivación y reconocimiento de nuestros docentes. La buena noticia que nos trajo Gabriel es que tenemos muchos docentes motivados por la importante tarea que realizan. Tenemos que ayudarlos a seguir en ese camino. Para ello habrá que reanalizar la formación de los docentes de enseñanza primaria y media para que adquieran las capacidades requeridas para el nuevo sistema educativo, consolidando una mayor articulación con el sistema terciario público con circulación de conocimientos y experiencias. 

Quisiera pasar ahora a la política de vivienda y hábitat. La Estrategia Nacional de Vivienda y Hábitat que pretendo impulsar se estructura en 4 pilares: el acceso a la vivienda construida; el aumento del stock de viviendas; la superación de la precariedad urbano-habitacional; y el mejoramiento del hábitat urbano para la integración social con equidad. Todas ellas son importantes, pero quiero referirme brevemente a la primera y a la última. En relación al acceso a la vivienda construida, nos proponemos desarrollar o potenciar un amplio conjunto de instrumentos y mecanismos adaptados a las distintas realidades, facilitando el acceso a soluciones habitacionales, con la eventualidad del alquiler con opción a compra, que incluyen subsidio a la cuota, al alquiler y las garantías, así como estrategias de participación público-privada. Algunos de estos instrumentos han sido específicamente diseñados para jóvenes, para personas mayores o para mujeres. En cuanto al pilar del mejoramiento del hábitat urbano para la integración social con equidad, estoy convencido de que el camino es el de planes globales que articulan el desarrollo de infraestructura, con políticas blandas para transformar de manera efectiva la calidad de vida de la gente, planes como el que presentó Soledad Mantero para la cuenca del Arroyo Pantanoso. 

Por su parte, la política de salud que pretendemos desarrollar también incluye una variedad de propuestas que apuntan a mejorar la eficacia y la eficiencia del sistema, fortaleciendo las capacidades de control de la calidad. Quisiera destacar dos propuestas en particular. La primera es la incorporación paulatina de nuevas prestaciones en cuatro áreas claves: la de salud mental, avanzando en nuevos modelo de atención y contención ambulatoria y en comunidad, en articulación con el sistema de cuidados; la de adicciones, desarrollando una abordaje integral en la atención de las personas con consumo problemático de sustancias; la rehabilitación, formulando un Plan Nacional de Rehabilitación; y la salud bucal. Una segunda medida a destacar es el compromiso de construir la ruta para la incorporación de todos los uruguayos al Seguro de Salud, priorizando a los jóvenes de entre 18 y 23 años, atendiendo la mayor demanda de soluciones para las problemáticas prevalentes de este grupo: salud mental, adicciones, servicios de salud sexual y reproductiva, libres de discriminación. 

Ya casi en el final, quisiera reafirmar la relevancia del Sistema Nacional de Cuidados, con el que estamos forjando el cuarto pilar del régimen de bienestar, con un Estado presente en las diferentes etapas de vida de la gente. A la vez que consagra el derecho de todos y todas a recibir cuidados en condiciones de calidad e igualdad a lo largo de todo el ciclo de vida, la política de cuidados promueve la corresponsabilidad de género en el cuidado de hijos, hijas, personas con discapacidad y personas mayores en situación de dependencia. Proponemos avanzar en la consolidación de la oferta de cuidados para la infancia, con propuestas flexibles y adaptadas a las necesidades del niño, niña y de la familia mediante la combinación de servicios, cuidados domiciliarios y licencias parentales; y por otro lado, proponemos ampliar las franjas etarias para la cobertura de los servicios de cuidado a personas mayores y personas con discapacidad, o personas con trastornos de salud mental. Todo ello con más calidad, más formación, más y mejor regulación laboral. 

Y para terminar, quiero destacar que en un nuevo impulso al desarrollo humano, la cultura será un aspecto central. Como sabemos, la cultura es un concepto muy amplio que abarca, entre otros aspectos, las formas y modalidades en que nos concebimos y constituimos como personas y como sociedad. Por ello vamos a profundizar el diseño y el fortalecimiento de políticas que consoliden espacios de integración y cohesión social, la convivencia, la conciencia de los derechos de las personas, el pensamiento crítico, la creatividad, la innovación social y el desarrollo comunitario. Esto lo vamos a lograr a través de la diversidad de acciones que la cultura promueve: industrias creativas, espacios comunitarios, educación formal y no formal, así como los diversos sectores de la actividad artística. Por último, será necesario rever y reformular, con una mirada sistémica y contemporánea, la institucionalidad cultural, de forma de seguir impulsando los cambios culturales que la sociedad en su conjunto necesita y demanda. 

En suma, esta noche presenté los principales emergentes de un tema tan vasto y complejo como es el desarrollo humano. Fue apenas una apretada síntesis de las propuestas que hemos elaborado. 

Los esperamos la semana que viene para abordar las transformaciones necesarias para darle un nuevo impulso tanto al desarrollo productivo, que presentamos la semana pasada, como al desarrollo humano, que presentamos hoy.