El Estado Inteligente

En todo el mundo los Estados están enfrentados al desafío de dar respuesta a las demandas sociales y hacerlo de forma efectiva y eficiente, creando valor público. La calidad de los servicios públicos, el uso de los recursos de forma transparente o la participación social en la implementación de las políticas son temas crecientemente presentes en las agendas de gobierno. A su vez, los grandes desafíos que plantean el desarrollo productivo y humano, exigen mucho más que una nueva generación de políticas públicas con un enfoque transversal: estos grandes desafíos demandan un nuevo Estado. 

La administración pública del siglo XXI, debe ser capaz de adaptarse a las transformaciones de la economía, la sociedad, la tecnología y la política, pero al mismo tiempo, debe desarrollar estrategias que ayuden a conducir esos cambios para el bienestar de su sociedad. Ello implica desarrollar una capacidad innovadora y flexible que permita romper con ritualismos burocráticos. La administración pública debe agregar valor a la sociedad a través de la calidad de sus servicios y sus recursos humanos y su tecnología. 

Durante las tres administraciones frenteamplistas se han producido importantes avances en la gestión pública: el país es líder en gobierno electrónico, lo que ha permitido incluir y acercar la gestión a todos los rincones del país; se ha ampliado la presencia de los organismos públicos en el territorio; se ha reducido el tiempo de una gran cantidad de trámites; se han realizado importantes reformas sectoriales que exigieron importantes esfuerzos de gestión, (salud, tributaria, energía, entre otras); y la casi totalidad de los nuevos funcionarios públicos se 

han incorporado en las áreas de educación, salud y seguridad. Sin embargo, el Estado uruguayo tiene todavía carencias para planificar, para coordinar sus políticas, para controlar y medir sus resultados, y en algunas áreas todavía es lento, burocrático o tiene problemas de gestión. Esto incide en las posibilidades de resolver los problemas reales de las personas y los colectivos. 

En este contexto, el desafío que debemos encarar es el de construir el Estado que precisa el Uruguay del siglo XXI. 

No podemos permitirnos un Estado débil, porque con él se benefician siempre los más poderosos, y los más vulnerables y excluidos cuentan con mucho menor protección y acceso al bienestar. Una mirada de izquierda debe exigir que el Estado priorice su capacidad para gestionar. En efecto, si el Estado es el escudo para los más débiles, gestionar con eficacia es un imperativo ético; y como los gobiernos siempre cuentan con recursos escasos, gestionar con eficiencia es un requisito para poder resolver las necesidades de más personas y más colectivos. 

El Estado moderno que precisamos es un Estado inteligente. 

Un Estado inteligente debe ser eficaz, para poder hacer todo lo necesario para que el país avance en la dirección deseada y hacerlo con la calidad requerida. Debe ser eficiente, para poder hacer más cosas, con la menor cantidad de recursos. Debe tomar todas sus decisiones basado en la mejor información disponible y tener a su disposición las mejores tecnologías con las que pueda contar. Debe demostrar empatía, apertura, capacidad de autocrítica, para colocarse siempre al servicio de la gente. Debe ser flexible y dinámico, para poder adaptarse a los cambios de un contexto en permanente transformación. Debe ser transparente, no sólo para evitar todas las formas de corrupción sino 

para que la ciudadanía, con mejor información, pueda juzgar y exigirle más al gobierno. Y debe contar con funcionarios capacitados, motivados y comprometidos con su función, conscientes de que son servidores públicos. En suma, un Estado inteligente es el que cuenta con las herramientas para poner en el centro los derechos de los ciudadanos y se preocupa de que nadie quede atrás. 

En la próxima administración podemos dar pasos importantes para comenzar a avanzar hacia ese Estado inteligente. Hemos organizado este camino en cinco grandes pilares: gestión estratégica; regulación y control para la calidad de los servicios; transparencia y ética pública; Estado al servicio de la sociedad; y gestión humana para el servicio público. 

1 – GESTIÓN ESTRATÉGICA

2 – REGULACIÓN Y CONTROL PARA GARANTIZAR LA CALIDAD DE LOS SERVICIOS

3 – ÉTICA PÚBLICA Y TRANSPARENCIA

4 – ESTADO AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD 

5 – GESTIÓN HUMANA PARA EL SERVICIO PÚBLICO